viernes, 12 de agosto de 2016

La piedra de la locura, de Fernando Arrabal



Extracción de la piedra de la locura.  El Bosco. 1475-1480.
Óleo sobre tabla. 48 x 35 cm.
 Museo del Prado. Madrid.

      Un día, al mirarme en el espejo, observé que se me caían tres trozos de la cabeza como si fueran tres pequeños adoquines. Con cuidado logré colocármelos de nuevo.
     Al día siguiente se me cayeron siete trozos. En efecto, parecían diminutos adoquines. Los volví a colocar teniendo cuidado de no cambiarlos de sitio.
     A partir de entonces todas las mañanas se me caen trozos de cabeza e incluso de cara. Hay mañanas que se me desmorona media cabeza. Tengo que pasarme horas enteras en el cuarto de baño hasta lograr colocarlos de nuevo.
     Hoy he sorprendido a mis familiares que, a mi espalda, comentaban:
     "Está cada día más raro, ahora le ha entrado la manía de no mover la cabeza en absoluto y de encerrarse horas y horas en el cuarto de baño".
 
 
Fernando Arrabal
La piedra de la locura
Ediciones Destino. 1984
 
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2 comentarios:

  1. Genio Arrabal.
    Me gusta mucho esta cita.

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  2. Genio Arrabal, efectivamente. Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista, cineasta, pintor y compositor musical. Varias veces candidato al Premio Nobel, un artista desconocido e injustamente juzgado por alguna desafortunada aparición televisiva.

    Hijo de un militar que, durante el golpe de estado que provocó la Guerra Civil Española, se mantuvo fiel a la República. Por ello fue condenado a muerte, aunque luego la pena se le conmutó por treinta años de prisión. Esto escribe Fernando Arrabal acerca de su padre:


    "Sin comparar lo incomparable. Ante estas cosas de ocaso (y sin que venga a cuento en muchos casos) suelo pensar en un chivo expiatorio: mi padre. El día que comenzó la incivil guerra civil fue encerrado, solo, por sus solícitos compañeros, en el cuarto de banderas de un cuartel de Melilla; para que se lo pensara, pues arriesgaba ser condenado a muerte por rebelión militar si no se adhería al alzamiento. Una hora después el teniente Fernando Arrabal llamó a sus ex compañeros ¡ya! para decirles que no necesitaba reflexionar más. Gracias a ello hoy... me toca ser testigo, ejemplo o símbolo, como él, ¿de lo más trascendente de lo que sucede? Yo que sólo soy un desterrado. Si se me saca de mis idolatradas cifras, lo que me rodea me lleva a la confusión y al desconcierto ¡y sin orden! No quiero ser un chivo expiatorio como lo fue mi padre, sólo quiero expirar vivo, cuando Pan quiera."

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