viernes, 8 de julio de 2016

Serum


El ojo, Salvador Dalí. 1945. Óleo sobre madera

suero para los ojos, ahora, los esclavos que reverencian tu himno, suero para los ojos en la estación árida. Llovió. En otro tiempo llovió desde todas las declinaciones. Me gustaba la ciudad así, parecía una plantación de ejes, telas y varillas en tecnicolor, una cosecha de frutas carnosas que encendían mi rostro cuando atravesaba el miocardio de la capital. No me inventé la primavera
 
ahora el suero fisiológico. Ahora tú. Los pájaros picotean el pan de tu nombre mientras desfallecen los árboles en las líneas de mi mano. Se agostan las colinas y hay que recoger el mantel del picnic. En el césped quedan las migajas como prueba irrefutable de que no me inventé la primavera. Solo tus manos para mi memoria, tus manos en mi viaje, a pesar del iceberg que se licuó. No me inventé la primavera
 
ahora me dedicaré a vivir esféricamente. Los murciélagos al atardecer me hablarán del luto, pero reiré con entusiasmo infantil y pintaré tu figura en los idiomas de plastidecor. Me regalaste la luz que ahora vibra como un fruto perenne, un fruto en estas manos con las que limpio mis ojos, suero fisiológico para las conjuntivas,
suero para los ojos, ahora,
los esclavos
 
© Ana Isabel Trigo Cáceres / 2016 

2 comentarios:

  1. En cualquier caso, es mejor llorar por fuera que llorar por dentro.

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  2. La lluvia a veces sólo es interior.
    Por otro lado es incuestionable el fin terapéutico del llanto.

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