domingo, 28 de junio de 2015

Entrevista a José Hierro en 1993


Realizada por unos estudiantes del I.B. Manuel Azaña de Getafe el 22 de diciembre de 1993
 
 
     José Hierro es un hombre sencillo que ama la vida. De lúcida cabeza y bigote afilado, sus ojos encierran toda la sabiduría que da el paso de los años y su mirada, profunda e inteligente, revela la honestidad y el profundo sentido ético de un hombre comprometido con su tiempo, con ese difícil tiempo que le tocó vivir.
     A pesar de las múltiples actividades programadas para ese día por el Instituto de Bachillerato que lleva su nombre, sito en el Sector III de Getafe, nuestro autor accedió, amable y pacientemente, a dedicarnos cerca de media hora de su precioso tiempo para esta entrevista, realizada por un grupo de estudiantes del I.B. Manuel Azaña. Muchas gracias, don José.
 
     - ¿Qué recuerdos tiene de su infancia y adolescencia? ¿Cómo era la España de entonces y qué diferencias encuentra con la España actual?
 
     La diferencia es fundamental. Entre los tiempos míos de estudiante y lo que ahora es la E.G.B. o el B.U.P. hay mucha diferencia. Me acuerdo que llevábamos un portalibros de madera y dos libros muy chiquitines en donde estaba encerrada toda la sabiduría humana. Los tiempos, en contra de lo que decía Jorge Manrique -ningún tiempo pasado fue mejor-, son mejores ahora que antes. Vosotros sabéis ahora mucho más de lo que sabíamos nosotros cuando teníamos vuestra edad. La vida era entonces menos problemática, es verdad; pero también era más estrecha, mucho más mezquina, más pequeña. De manera que vivís en un tiempo más libre y más feliz.
 
     - ¿Qué supuso la experiencia de la Guerra Civil y de la cárcel en su vida?
 
     Todo lo que uno hace, todas las experiencias que uno tiene influyen en su vida. Yo nací en Madrid, pero me considero mucho más de Santander, porque me fui de aquí con dos años y me quedé hasta los diecisiete viviendo allí. Los paisajes de mi infancia, que son los que nos forman, son de allí; mis primeros recuerdos también son de allí... La experiencia de la guerra... pues, fue una cosa traumática, tremenda... La cárcel... hambre, represión... Son cosas muy tristes; pero, igual que las rosas necesitan del estiércol para florecer, el ser humano también se enriquece con las experiencias negativas. En cualquier caso me han ayudado a formarme, a ser lo que soy. Entonces, todo lo vivido lo doy por bien vivido. Que hubiera preferido ser hijo de un millonario, pues posiblemente; pero, entonces, no me hubiera dado por la poesía.
 
     - Hablando de poesía, ¿qué consejo le daría a alguien que empieza a escribir? ¿Qué hay que hacer, según usted, para ser poeta?
 
     Si lo supiera, me haría de oro... Lo mejor para escribir es leer; leer mucho a los clásicos y también a los modernos. Y, como decía Pedro Salinas, descubrir que la palabra, además de sentido, tiene sonido y cómo ésta nos persuade muchas veces por su sonido antes de que nos enteremos de lo que quiere decir. La poesía, como la música, entra por el oído y es ritmo. A una buena parte de la poesía actual le falta sensibilidad musical. De pronto, toman tres endecasílabos y hacen un poema: "Encima de la casa de mi tía / había una señora con paraguas / y vino un caballero con bigote..." Mire, usted, hay otra cosa. Agárrese a Góngora, a Gerardo Diego, a Miguel Hernández, a Blas de Otero... Mi consejo es leer mucho, no sólo con los ojos sino también con los oídos. Si yo tuviera que decir algo a un poeta joven, le diría: cuando no tengas ganas de escribir poesía, escribe por ejemplo un soneto, o unas liras, o unas octavas reales... que, aunque son cosas anticuadas, están vivas siempre. Y es que, lo mismo que un pintor abstracto necesita trabajar primero con la escayola para aprender a medir la realidad, la métrica clásica te enseña a trabajar con la palabra, a ponerla en su sitio justo, a hacerla insustituible.
 
     - Y para terminar, ¿cuál es el galardón más importante que le ha sido concedido?
 
     El mejor galardón es la vida misma, la vida consciente... La diferencia con los animales es que el pájaro canta, pero el hombre sabe que canta y puede reflexionar sobre su canto. El hecho mismo de vivir y poder descubrir el sentido de las cosas, ése es el mejor regalo. La vida es el mejor premio que uno puede tener.
 
 
Cálamo. Revista Literaria
I.B. Manuel Azaña
Getafe (Madrid). Mayo 1994
Organización y Dirección: Fernando Javier Sánchez
Depósito Legal: M-17683-1994


Con José Hierro, tras haber recibido de su mano un premio de poesía. Getafe, 22-12-1993
 

2 comentarios:

  1. Qué suerte haber conocido tan de cerca a uno de los grandes.
    (Diciembre del 93 fue cuando nació Inés)
    Un abrazo Ana y buen verano!

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    1. Así es: fue un lujazo (mi particular premio "gordo" de la Lotería de Navidad, que siempre se celebra el 22 de diciembre. Me comentó que mi poesía de aquella época era neorromántica).

      Inés, ¡qué mayor y qué excelente realizadora audiovisual!

      ¡Otro abrazo para ti desde mi verano!

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