sábado, 30 de mayo de 2015

Andanzas de un poeta junto al Ganges




Desde hace semanas sigo las andanzas interiores de un poeta yogui en la India. Se trata de un cuaderno de gran valor testimonial, que narra su estancia en un ashram de Rishikesh, a orillas del Ganges sagrado, en el año 2013. En el capítulo escrito el pasado 19 de mayo en su blog explica que, dado que no podía participar en la presentación del libro Último Ahora, Quince Poetas -del que es antólogo- por encontrarse a 9.000 kms. de Madrid, preparó con anterioridad una grabación para que la escucháramos la tarde del evento, que tuvo lugar el día 25 de septiembre de 2013. También cuenta que dejó un ejemplar de la mencionada antología en la biblioteca del ashram, así como mi plaquette El día del espectador, que había viajado varios miles de kilómetros en su maleta para ser depositada por siempre en aquel lugar sagrado. A continuación transcribo dicho capítulo con permiso del autor y os invito a la lectura por entregas de su Cuaderno de la India en El ángel húngaro. Mi gratitud a este amigo, este poeta, este maestro que fue mi profesor de yoga en los años 2013 y 2014.

Vivo en moradas interiores y a 9.000 km de distancia de donde hoy se presentará Último Ahora, esa antología de poemas en la que he trabajado durante un año y que, tras mucho insistir, hoy se leerá en el Ateneo de Madrid. Hace doce días, en la sala de espera del aeropuerto de Barajas, grababa un mensaje de bienvenida, de compañía a todos los integrantes del libro, que hoy sonará in ausentia: "si escucháis esto es que estoy en un Ashram en India…" Me he traído algunos ejemplares: uno para la biblioteca, que dejo junto a una plaquette de Anaís; otro para el Gurú. Imagino la sorpresa de cualquier hispanohablante cuando los encuentre entre los anaqueles. 
Viene viento del este y el aire es limpio como una manzana: "Yo he fracasado ante el olor de las manzanas". La luz se anuncia como una revelación a través de la ventana. Pienso mucho en la moradas, las interiores, las exteriores. Dónde se encuentran los límites, cuáles sus propiedades, las características que encierran. Todo es interior y, probablemente, el universo que nos representamos no sea otro que el que llevamos dentro. Me siento cómodo con esa teoría especular del mundo y, cada vez que me siento a contemplarlo, reduzco las distancias que lo separan. Entre el que contempla, lo contemplado y el medio de la contemplación. 
He estrenado un mat (esterilla) de color amarillo que adquirí hace unos días. Me gustó que ya pareciera usado, estaba expuesto al sol desde hace tiempo, en una tienda que es propiedad de uno de los personajes más estrafalarios que cohabitan por aquí. Parece un indio cheroke, con un sombrero de plumas y un chaleco lleno de chapas. Tiene uno de los puestos más miserables y lleno de artículos que sobrellevan, a malas penas, la pátina del tiempo.
Me he elevado sobre la tierra y he cantando "Govinda Hare" esta noche en el Aarti (ceremonia del fuego). Me recojo en mi habitación y espero que lleguen las 23 h. En otro lugar se está presentando un libro que amo, por parte de poetas que amo. Quiero hacerles llegar este aliento nuevo, la luz de esta morada, sus contraluces, el sonido de un cuenco cantor y, desde la obscuridad que ahora lo cubre todo, les sonrío.
José Antonio Rodríguez Alva

2 comentarios:

  1. Gracias Atman, por compartir vida, poesía y aliento…nos hacemos falta, nos hacemos compañía.

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    1. No tienes que darme las gracias, Atman; más bien soy yo quien te las da a ti, por las enseñanzas, los dones y la compañía. Mi abrazo en la luz.

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