sábado, 7 de marzo de 2015

Pequeños holocaustos sin importancia, de Iñaki Carrasco


 

En 2014 leí este libro que hoy nos ocupa. En aquella ocasión tomé algunas notas que han sido ampliadas con la reciente lectura de este interesante poemario de Iñaki Carrasco González (Madrid, 1976).
 
Ameno, escalofriante, duro y áspero en algunos tramos. Se respira asfalto, lluvia radiactiva y una normalidad tensa, tal vez ficticia: "Es todo tan extraño y a la vez / tan horriblemente normal / como cada día." Se respira la amarga comprobación de un mundo frío, gobernado por las fronteras, no solo geográficas sino también ideológicas: "Ahora solo importan los pasaportes / el color de determinados impresos / algunas masacres públicas y ciertas veladas". Visto el panorama, no es de extrañar la abundancia de píldoras de ironía -necesarias para afrontar una realidad poco amable- que cuajan todo el poemario; acaso no sea otra cosa que la aceptación de hallarse abocado a un futuro desfavorable: "Por no perder el hábito de escribir cosas tristes / nunca elijo impacientarme / y en favor de un futuro más incierto / visito con frecuencia los intercambiadores de transporte / las salas de espera de la sanidad pública". 
 
Con un ritmo ágil y un lenguaje coloquial que bebe de diversas fuentes, desconocemos adónde quieren conducirnos algunos poemas de Iñaki Carrasco: trazan un giro y nos sorprenden, ¡zas! Otros son un blues (como el titulado Volverá mi padre), un solo de nostalgia, una fuga constante, una herida que no cierra a pesar de los puntos de sutura, un inmenso cráter en el túetano o en la piel que comparten la ciudad y el poeta; siempre tristes aunque deliciosos, como el que transcribo a continuación:

 
Tenías razón
Madrid es una ciudad de invierno
 
Es una ciudad de invierno
como otras lo son de verano o de otoño
 
Madrid -ahora- es una ciudad
abandonada por los pájaros y los peces;
los peces que han volado a otra tierra más cálida
los pájaros que, simplemente, han muerto
y ahora es diciembre, es febrero
que ha deshecho hasta helarlos
los huesos más pequeños de mi cama
 
Ahora la nieve escapa entre las articulaciones
y Madrid es más fría, más triste
en el hilo musical de los comercios vacíos
 
***
 
No podemos pasar por alto un poema que destaca por su lenguaje cinematográfico. Hermoso y agridulce, a través de su metraje de celuloide nos conduce, como bien acostumbra el autor, hacia el final descarnado, el humo fantasmagórico y, finalmente, la nada. Me estoy refiriendo a:
 
Eres algo de celuloide
 
Había olvidado que el flequillo que te cae sobre las cejas
es un revólver cargado con munición del 38
los ojos se te han vuelto los de cualquier desconocida
tienes la mirada en blanco y negro y sin subtítulos
Había olvidado que tus indicios conducen siempre a una estación de tren abandonada
a la habitación de una bailarina con nombre de ginebra barata
Había olvidado que tu piel es como un libro de Raymond Chandler
cuando apareces en mi casa envuelta en una gabardina y con voz de Lauren Bacall
conservaba la ilusión de que fueses para mí en sesión continua
de que siguieses teniendo dos rombos
y bajo la gabardina no llevases nada
o en todo caso, aquel vestido de Verónica Lake cuando era bruja
o el motor de un Ford V8 en el que huir junto a los títulos de crédito
Al menos no eres en technicolor
Pero había olvidado que desapareces en 120 minutos
pones el título de "the end", enciendes las luces
y tras las luces no hay nada
 
***

 
Antes del final apoteósico, nos detenemos en un poema relevante que aborda de manera sutil la angustia, nos desgrana lo cotidiano, en apariencia normal (nuevamente nos encontramos con la ficticia normalidad del principio), pero cuyo trasfondo guarda un sedimento de incertidumbre:
 
Levantarme temprano los días laborables
los fines de semana también
aunque me haya acostado tarde
si tengo que ir a trabajar
paso la mañana esperando
que dé la hora de salir
si es festivo ocupo el día
en hacer la limpieza
en ordenar la casa
y otras tareas inútiles
De pronto se ha hecho tarde
y está más cerca la noche de lo que esperaba
si estoy en el trabajo me alegraré
se acerca la hora en la que abandono cualquier responsabilidad
si es un día libre y estoy solo
siento pesadumbre y un poco de angustia
Como, ceno, desayuno
cuando es la hora de hacerlo
Dejo pasar el tiempo porque es lo que toca
porque espero que algo suceda
 
Es lo que hace todo el mundo
 
***
 
Y finalizamos con el ya célebre poema que da título y entidad al libro:
 
Pequeños holocaustos sin importancia
 
Acaba de sonar en mi móvil una alarma que dice
hoy a las seis de la tarde comienza el deshielo de los polos
Una nota en el frigorífico recuerda que
el próximo jueves está previsto que se desate
la hambruna definitiva
Pienso en ello mientras reparo
en un post-it sobre el escritorio, al lado del portátil
en el que advierte que será esta mañana, sobre las once
después de la hora del café
cuando cientos de funcionarios salgan a la calle
y entreguen a todos los extranjeros, sin distinción de raza
nacionalidad o color de piel
en un sobre verjurado con solapa autoadhesiva
conteniendo en papel timbrado de ciento diez gramos
la orden de extradición
Mi agenda de sobremesa semana vista apunta
que de aquí al martes
todas las especies en peligro de extinción
incluyendo el albatros de Ámsterdam, el gorila de montaña y el
Liquen de Felt boreal
habrán desaparecido
Y en mi cabeza algo dice
no pasa nada
pequeños holocaustos sin importancia
 
 
Iñaki Carrasco González
Pequeños holocaustos sin importancia
Colección Avena loca
Ediciones Amargord. 2013

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