lunes, 29 de diciembre de 2014

Unas palabras para Jesús


Jesús Urceloy me ha enseñado mucho. Nos conocimos el 7 de octubre de 2003. Parafraseando a Ángel Petisme: “Yo no pintaba nada hasta conocerte.” (del libro Buenos días, colesterol). Hay quienes aseguran que uno se apunta a Yoga porque tiene una crisis, una depresión, o se ha separado, o ha tenido una pérdida..., y esa práctica milenaria ayuda a uno mismo a recuperarse. Pues bien, eso me pasó a mí con el taller de Jesús; cualquiera puede afirmar lo que digo: sus talleres son terapéuticos porque al escribir en sus clases sacas lo mejor y lo más profundo de ti, que desconocías que existiera. Es, en verdad, un ejercicio de prospección. Por aquel entonces me encontraba en un momento de cambio y búsqueda. Un buen día, mientras tomaba con mi hermana un café en el Libertad 8, vimos un anuncio donde se ofertaba un taller de creación poética impartido por él, por Jesús. Fue mi hermana quien me animó. Y así comenzó todo. ¡Se aprende tanto con él! A encontrar tu voz poética, a pulir, a podar lo superfluo, a ser sincero contigo mismo y con el poema, a ser humilde, a aceptar las críticas, a empezar cada día, a ser siempre aprendiz, a no perder la ilusión, a aceptar que te equivocarás miles de veces, que detrás de un poema más o menos redondo, más o menos aceptable, hay cincuenta poemas planos, mediocres, mejorables, que podrán convertirse en buenos poemas si les concedes tiempo para su maceración y esperas unos meses para volver a ellos con otra mirada más objetiva, y corregirlos, y escoger su néctar. Con frecuencia descubres que de un poema sólo vale una idea, un verso; y lo aceptas y lo reconstruyes. Otras veces el poema está muerto, es un cadáver que rompes en pedacitos, y te olvidas. Yo creo que no hay que tener excesivo apego a los poemas que vamos escribiendo. Hay que dejarlos volar. Dejar que se depositen en otros corazones a los que susurren el dolor o el sentir de nuestro corazón. Jesús es una gran persona. Y tiene un gran corazón de poeta. Gracias.

4 comentarios:

  1. Querida poeta, suscribo con puntos, comas y afectos cada una de tus palabras sobre Jesús, mom sembable, mon frère; es un excelente poeta y un amigo entrañable, capaz de enamorar a Marisol. Grande, Urceloy. Aprovecho para desearte un nuevo tiempo hecho de luz y poesía.

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    1. En vez de un sobrio panegírico, he querido escribir un elogio breve y sencillo sobre lo que significó para mí conocer a Jesús y convertirlo en mi maestro. Me alegra que coincidamos en esta 'Urcefilia'. Acojo tus buenos deseos y te hago llegar la misma luz, los mismos frutos poéticos para este 2015. Te sigo, discretamente, pero te sigo. Un abrazo.

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  2. Ah, estará orgulloso de tus palabras. Recuerdo alguna entrada tuya sobre buenos y malos maestros. Está claro aquí tu aprecio. No hay mejor halago.
    Saludos terminando el año

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    1. Lo escribí una noche en que preparaba la presentación del libro; no me costó nada escribirlo porque nacía espontáneamente del lugar donde reside ese aprecio. Saludos de año balbuceante.

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