viernes, 12 de agosto de 2016

La piedra de la locura, de Fernando Arrabal


Extracción de la piedra de la locura.  El Bosco. 1475-1480.
Óleo sobre tabla. 48 x 35 cm.
 Museo del Prado. Madrid.

      Un día, al mirarme en el espejo, observé que se me caían tres trozos de la cabeza como si fueran tres pequeños adoquines. Con cuidado logré colocármelos de nuevo.
     Al día siguiente se me cayeron siete trozos. En efecto, parecían diminutos adoquines. Los volví a colocar teniendo cuidado de no cambiarlos de sitio.
     A partir de entonces todas las mañanas se me caen trozos de cabeza e incluso de cara. Hay mañanas que se me desmorona media cabeza. Tengo que pasarme horas enteras en el cuarto de baño hasta lograr colocarlos de nuevo.
     Hoy he sorprendido a mis familiares que, a mi espalda, comentaban:
     "Está cada día más raro, ahora le ha entrado la manía de no mover la cabeza en absoluto y de encerrarse horas y horas en el cuarto de baño".
 
 
Fernando Arrabal
La piedra de la locura
Ediciones Destino. 1984
 
Leer más aquí y aquí

viernes, 8 de julio de 2016

Serum


El ojo, Salvador Dalí. 1945. Óleo sobre madera

suero para los ojos, ahora, los esclavos que reverencian tu himno, suero para los ojos en la estación árida. Llovió. En otro tiempo llovió desde todas las declinaciones. Me gustaba la ciudad así, parecía una plantación de ejes, telas y varillas en tecnicolor, una cosecha de frutas carnosas que encendían mi rostro cuando atravesaba el miocardio de la capital. No me inventé la primavera
 
ahora el suero fisiológico. Ahora tú. Los pájaros picotean el pan de tu nombre mientras desfallecen los árboles en las líneas de mi mano. Se agostan las colinas y hay que recoger el mantel del picnic. En el césped quedan las migajas como prueba irrefutable de que no me inventé la primavera. Solo tus manos para mi memoria, tus manos en mi viaje, a pesar del iceberg que se licuó. No me inventé la primavera
 
ahora me dedicaré a vivir esféricamente. Los murciélagos al atardecer me hablarán del luto, pero reiré con entusiasmo infantil y pintaré tu figura en los idiomas de plastidecor. Me regalaste la luz que ahora vibra como un fruto perenne, un fruto en estas manos con las que limpio mis ojos, suero fisiológico para las conjuntivas,
suero para los ojos, ahora,
los esclavos
 
 
Ana Isabel Trigo / 2013-2016
 
Tras una poda ligera, así queda este poema antiguo: libre de ramas espectrales.
 

viernes, 10 de junio de 2016

Bosque canadiense


Bosque canadiense. 2016
Ana Isabel Trigo
Óleo sobre lienzo
54x73 cm
Mi deriva vital se siente a gusto en la búsqueda de nuevos planteamientos estéticos (sin dejar de lado el mundo que habito, pues la poeta es testigo de su tiempo y escribe lo que respira). Ese viaje de búsqueda me ha introducido recientemente en la senda de la pintura al óleo. Compruebo así la sugestiva sinapsis entre las artes, que enriquece todas las orillas de la creación.
 
 

viernes, 3 de junio de 2016

Javier Lostalé




Para Palabras Prestadas

CONFESIÓN

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de deseo. Escribo porque están conmigo los que ya nunca estarán, porque bajo al mar desde la mesa donde apoyo la cuartilla y me quedo quieto en la memoria de un cuerpo, y prolongo unas voces hasta perder la noción del tiempo (días y años juntos, apretados en un instante que me deja sin defensa). Escribo porque al abrir el seno de una palabra encuentro la iluminación última del beso, porque pronuncio a solas mi única verdad: ésa que después desmiento con mi vida. Escribo porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado. Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.
 
Javier Lostalé
AZUL RELENTE [Antología poética]
Editorial Renacimiento. 2014

domingo, 1 de mayo de 2016

Mayo: sus cielos, sus aves, sus dones


Aunque le quedan unas semanas, me apetecía compartir con vosotros los avances en mi primer cuadro de pintura al óleo. Pintar no solo relaja, sino que además supone un viaje de introspección, una meditación sosegada, un diálogo con el lienzo. Estoy aprendiendo a hablar en azul cobalto, carmín granza y tierra tostada. He descubierto que, como todas las artes, la pintura y la poesía conectan, se nutren y se enriquecen de forma asombrosa.
 



sábado, 23 de abril de 2016

Premio Palabras Prestadas


Los poetas Charles Olsen y Lilián Pallares llevan varios años al frente de una entusiasta labor llamada Palabras Prestadas, en cuya última edición mi poema El niño y el azar ha sido premiado por el jurado. En breve recibiré el libro Una antología de poesía brasileña, de Elizabeth Bishop, publicado por la editorial Vaso Roto.
 
"La historia de esta antología es la historia de una pasión múltiple y única: la que reúne vida y literatura. Elizabeth Bishop vivió en Brasil entre 1951 y 1967. Su historia de amor con Lota de Macedo, relatada en el libro de Carmen L. Oliveira Flores raras y banalísimas, publicado también por Vaso Roto, le abrió las puertas del mundo cultural brasileño. Esta antología no solo es una muestra del interés que la poesía brasileña despertó en Elizabeth Bishop, sino también la prueba del gran momento creativo que vivió la poesía brasileña en la segunda mitad del siglo XX."
 
 
Una noticia que me llena de alegría y gratitud para celebrar este Día Internacional del Libro, cuando se cumple el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616) y también el quinto aniversario del nacimiento de mi hijo.


El niño y el azar

Esto dice Demócrito:
todo en el universo es fruto del azar. 
 
Y tiende un puente a las antípodas
donde un niño juega en la playa
ajeno a la existencia de los átomos,
al vacío del hombre, al azar que multiplica
                                                                         la sombra.
Absorto en la canción del agua que reverbera
en la bahía, sus iris dibujan un haz
lumínico: la endógena belleza,
el mundo imponderable.
 
La palabra fracaso no existe.
No existe todavía.

  
© Ana Isabel Trigo Cáceres / abril 2016

sábado, 16 de abril de 2016

El regreso


Mi padre se dedica a asuntos turbios.
Vivo con mi madre en la casa de las afueras.

Tengo miedo al agua, miedo a saltar.
Ellos me llaman cobarde, me llaman gallina.

Hace frío. ¿Adónde fue mi padre?


© Ana Isabel Trigo / abril 2016

El regreso, de Andrei Zvyagintsev (2003)
 Completa en YouTube

miércoles, 6 de abril de 2016

La paradoja de Internet


Hoy he leído que una de las primeras investigaciones sobre la relación entre internet y la soledad la realizaron Robert Kraut y su equipo en 1998. Seleccionaron a casi doscientas personas y las estudiaron durante sus dos primeros años de conexión a internet. El resultado fue preocupante porque los investigadores descubrieron que, aunque el uso de la red era con fines comunicativos, existía una disminución en la comunicación familiar, una reducción de los círculos sociales y un aumento de la depresión y la soledad.
 
A este fenómeno se le denomina la paradoja de internet.
 
Facebook no me gusta. Lo he usado de manera intermitente en los últimos tiempos, pero no me ha convencido. Creo que me agota el perpetuo carnaval veneciano en que se ha convertido esta red social. Y, además, no la necesito. Me hallo en una fase de desmontar ídolos vacuos, deidades tecnológicas que me/nos roban el tiempo. Pero también sé que a muchas personas les resulta útil, ameno y productivo, de lo cual me alegro. Hoy he cancelado la cuenta (y espero que para siempre). Prefiero otras redes sociales más sosegadas, acordes a mi manera de ser: los blogs, el correo electrónico, el teléfono, un café cara a cara, la puerta del colegio y los parques donde no solo crece la vegetación sino también la alegría.
 
Por último, dejo estas dos imágenes que recientemente compartió uno de mis contactos de Facebook. En ellas Elsa Punset reflexiona sobre este paradójico fenómeno que raya el oxímoron: el binomio comunicación-aislamiento en el siglo XXI.